Ya que esta es mi primera aportación a Enfermos de Humor – la primera de todas, en realidad… – , me gustaría, antes que nada, deciros que este blog lo llevamos (no sé hacia dónde) tres colegas – dos colegas y yo, para que nos entendamos – , y espero que entre todos podamos hacer un mundo no más rosa, mejor ni más positivo, pero sí más estúpidamente enfermizo. ¡Que la plaga de la Risa se extienda sobre vosotros, mortales, y que la mandíbula se os desencaje provocandoos un terrible dolor, un agónico sufrimiento que os deje sin ganas de ir al WC en trece estreñidas semanas!
Ahora sí, empecemos con la reflexión que tengo que hacer. Vamos a ver. Os pongo en situación : iba yo de camino a clase, cuando vi un árbol, verde, medianamente alto, torcido y arrugado cual cojón derecho de un anciano mustio. La cosa es que mi ojo avizor, atento siempre a cualquier detalle, descubrió cierto objeto a los pies de la planta. Una lata de cerveza. Así que le hice una foto. Tras este pequeño e insignificante incidente, proseguí mi camino. Y me topé con otro árbol, verde y alto, pachucho cuál cojón derecho de un anciano. Y a sus pies… hallé una cajetilla de tabaco, que inmediatamente fotografié, algo confuso. Y, cuando apareció el tercer árbol, hallé, atónito y casi – casi – con horror, que a los pies de este nuevo árbol, sexualmente impotente cuál cojón derecho de un anciano… ¡había un vaso de cierta bebida alcohólica que usan los menores y mayores de edad en los botellones! Aquí os dejo el collage resultante:
Por lo tanto, damas y caballeros, sólo me queda hacer una crítica social que, según creo, no se ha planteado nadie en el mundo que tenga el coeficiente intelectual suficientemente alto como para saber contarse los dedos de las manos: “ Menuda juerga que se pegan los árboles…” Y hasta aquí la reflexión del día.

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