“Se despertó con una resaca del copón. Se levantó, casi a rastras, de la cama, para dirigirse al baño. Cuando se dispuso a mear, descubrió con asombro que su pene había adquirido proporciones inusitadas. Sus labios se curvaron en una amplia y sincera sonrisa. Una lágrima de felicidad se deslizó por su mejilla. Palpó las nuevas magnitudes de su colosal pene. Por fin… No importaba lo que hubiese ocurrido la noche anterior. No importaba quién, cómo, dónde, cuándo ni qué. Porque su sueño, su único y verdadero sueño, se había hecho realidad…”
Por Nathaniel.
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